7. Cómo nace un lenguaje. Relacionando la ciudad con el lenguaje verbal y escrito.
7. Cómo nace un lenguaje. Relacionando la ciudad con el lenguaje verbal y escrito.
Imaginar cómo nació el
lenguaje es regresar y recordar donde comenzó el inicios de los seres humanos. Un ejemplo de
esto puede ser la que, al principio, cuando los humanos vivían en grupos
pequeños y nómadas, seguramente se comunicaban con gestos, gruñidos y sonidos
básicos (algo así como un lenguaje de señas combinado con expresiones vocales).
En esa etapa, bastaba con poder avisar que había peligro, pedir ayuda para
cazar o mostrar cariño o enojo. Pero todo cambió cuando las personas empezaron
a vivir juntas en un mismo lugar de forma permanente y nacieron las primeras
ciudades.
La ciudad, además de ser un
conjunto de casas y caminos, se volvió en un espacio de organización social.
Ahí ya había que coordinar tareas, tener responsabilidades, tomar decisiones
colectivas y, mantener cierto orden. El lenguaje verbal empezó a ser más
elaborado, con palabras para nombrar cosas como "autoridad",
"justicia" o "deuda" [sí, desde ese entonces ya había cosas
que pagar]. Es decir, el lenguaje se tuvo que adaptar para construir y mantener
la vida urbana, y también para contar historias que unieran a la comunidad.
Pero había otro problema:
la memoria. Con tantas personas y asuntos por resolver, era necesario registrar
lo que pasaba. Así nació el lenguaje escrito. Al principio fue muy práctico
(llevar cuentas de granos, impuestos o acuerdos entre vecinos), pero pronto
también se usó para guardar mitos, leyes, oraciones religiosas y hasta listas
de enemigos [porque siempre hay drama]. Escribir permitió que la información no
se perdiera con el tiempo, lo que ayudó a que las ciudades crecieran y se
organizaran mejor.
El lenguaje, tanto hablado
como escrito, ha sido desde el principio la base de toda forma de convivencia y
negociación entre grupos humanos. Las ciudades crearon el escenario, y el
lenguaje se volvió el guion. Hoy seguimos usando palabras para construir acuerdos,
resolver conflictos o mantener relaciones entre países. En el fondo, la
diplomacia moderna no es más que una evolución sofisticada de esa necesidad
humana que comenzó cuando alguien, en una ciudad muy antigua, necesitó contarle
algo importante a otra persona y que no se le olvidara.
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