3. Nuestro origen

 3. Nuestro origen

La historia de una vida que sigo caminando

Nací un 9 de octubre en la ciudad de Córdoba, Veracruz. Desde el vientre materno, mi existencia ya era una lucha. Mi madre enfrentó todas las complicaciones posibles durante el embarazo o las más difíciles a lo que me cuenta la historia, algunas de ellas fueron preeclampsia severa, mioma, placenta previa y arrojaba proteína por la orina. A lo que me cuentan mi pobre madre ya se estaba muriendo durante mis primeros meses de vida dentro de ella lo que para mi ya decía lo que sería mi vida.. Considerado todo esto era un embarazo de alto riesgo en ese entonces. Para muchos médicos, fue un milagro que ambas sobreviviéramos al parto.

El resto de mi infancia fue normal. Un poco antes de entrar al preescolar mis padres solían llevarme de viaje a sus respectivos ligares de origen. En el caso de mi madre siendo la cuidad vecina de donde yo nací y en el caso de mi padre siendo Coyuca de Benítez, al otro lado de Veracruz, a unos 30 o 40 minutos de Acapulco. Tengo diversas fotos de donde mis adres me traían de arriba hacia abajo viajando conociendo familia y llevándome a los lugares donde ellos crecieron. Debo decir que me hubiera encantado haberme partido en dos para poder haber crecido en ambos lugares ya que teniendo a esos lugares con unos paisajes como los de Orizaba y la bella playa de Acapulco no conozco persona que no le hubiera gustado estar ahí y sin mencionar el riquísimo café de ambos que sabemos que esta exquisito.

 Pero el ciclo de vida no se detiene y llego mi hora de comenzar los estudios y asistí a una escuela preescolar en la cual tuve la fortuna de que me enseñaran inglés desde muy pequeña. Aunque en su momento no lo veía así por la gran carga de estrés que estaba tomando al desarrollar esa habilidad que en instantes después me serviría mucho como ejemplo cuando. tuve la oportunidad de viajar a los Estados Unidos que lo realice en diversas ocasiones en la escuela a la solía asistir especialmente fue a parques de entretenimiento como lego land, sea world safari park y al zoológico de San Diego. Fueron experiencias bastante entretenidas, aunque en una ocasión se me perdió un billete de 10 dólares y, hasta el día de hoy, sigue siendo un gran enojo para mí.

En cuanto a mis clases, estas consistían en tener las mismas materias que cursaba en español, pero en inglés. Viéndolo en retrospectiva, era algo muy bueno, pero para alguien de 8 años resultaba ser todo un desafío. La presión era considerable, pero con el tiempo aprendí a trabajar bajo estrés e incluso llegué a disfrutar el desafío. No todo fue pesado en mi infancia. Tuve la fortuna de ser parte de al Grupo 03 de scouts en mi ciudad, donde experimenté algunos de los momentos más felices de mi vida. Uno de estos fue cuando me cambiaron de manada a tropa fue en un campamento mi nombre de selva era Singum que es un león que protege a los más pequeños, este nombre me lo dieron ya que solía juntarme con los más chiquitos del grupo y era muy protectora con ellos. En este campamento fue mi cambio de manada a tropa y recuerdo que fue algo muy triste ya que los más pequeños estaban llorando tristes ya que no íbamos a convivir tanto como antes y yo me sentía con nervios de estar con los que yo veía grandes. Las vivencias y las amistades que formé en esos años siguen grabados en mi memoria como un refugio de alegría pura.

La adolescencia pasó bastante rápido para mí. Me gustaba bailar en un grupo de danza que solía hacer presentaciones en algunos eventos de la ciudad. Recuerdo disfrutar muchísimo los ensayos y las obras que llegamos a preparar junto con otros grupos de danza, lo cual también me permitió conocer otras técnicas y estilos.

Durante los inicios adolescencia, empecé a viajar por mi cuenta. Aunque ya había viajado sola en ocasiones anteriores una de estas cuando fui de visita sola a Orizaba y a Acapulco visite las playas y a la familia que tenía un rato que no veía en un largo tiempo, realice otro viaje a la Ciudad de México para visitar a unos primos que conocí en Acapulco en uno de mis viajes construimos una relación cercana y me invitaron de visita. En ese viaje, conocí el Castillo de Chapultepec, un lugar que desde muy pequeña me había fascinado y cuando lo vi fue un amor a primera vista ya que lo había imaginado antes pero tenerlo de cerca era algo totalmente diferente, sus jardines y las diferentes pinturas y artículos históricos que tienen sin duda hicieron que mi visita fuera una de las que más podre destacar en este viaje, así mismo también visite el museo Soumaya que cabe destacar que también tiene muchos cuadros y diferentes piezas de alrededor del mundo que eso fue lo que me mas me gusto la variedad de arte que podemos encontrar.

Posteriormente, realicé otros viajes a Oaxaca, Querétaro y Yucatán dejó completamente maravillada por la cultura maya. Tuve la oportunidad de visitar templos, entre ellos Chichen Itzá, que en persona resultan impresionantes. También visité varios cenotes. Aunque nadar en ellos fue una experiencia increíble, no podía evitar sentir algo de miedo al recordar que, hace muchos siglos, se realizaban sacrificios en esos lugares. Pensar en las almas de aquellas personas podían y que seguir ahí abajo no era precisamente la mejor idea mientras nadaba.

Durante la pandemia, como muchas otras personas, estuve encerrada en casa con miedo a salir. Durante ese tiempo, descubrí un pasatiempo que me llevo consigo mucha calma: ver videos de historia en YouTube. En su mayoría, eran biografías de personajes históricos como Ana Belén o Carlota de México. También comencé a pintar al óleo, inspirada por videos que mostraban a gente creando obras hermosas. No me considero buena en ello y nunca aprendí más allá de los tutoriales que veía en internet, pero puedo decir que fue una actividad muy entretenida.

A diferencia de otros, cuando terminó la pandemia preferí seguir pasando tiempo en casa. No es que me haya quedado encerrada para siempre, pero disfruté mucho el tiempo que estuve dentro. Incluso las amistades que llegué a hacer en internet durante esa época las recuerdo con muchísimo cariño.

La vida tiempo después me puso a prueba de una prueba difícil cuando un simple dolor de cabeza que consideraba migraña terminó revelando un diagnóstico de hidrocefalia causada por un tumor cerebral. Los médicos a pesar que no eran optimistas, logré superar el tratamiento y enfrentar un proceso lleno de miedo y ansiedad constante pero también fue de fortaleza y aprendizaje para mí. A pesar del constante miedo, decidí no detenerme: seguí adelante, entré a la universidad y hoy me reconozco como una persona más fuerte. Esta experiencia me enseñó que, aunque la vida te ponga obstáculos que pueden frenar tu paso, nunca deben detener tu camino.

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