11. Avance de ensayo (5 páginas de 10)

 

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La normalización del estrés y la ansiedad en nuestra sociedad

 

En los últimos años, es muy común escuchar frases como “si hay estrés estas haciendo algo bien ” o “la ansiedad es normal no te preocupes no es para tanto” son frases que se podemos decir escuchamos comúnmente  en nuestro día a día, pero estás reflejan la normalización de la ansiedad y el estrés como si estas fueran bastante normales en la vida cotidiana. Si bien es normal experimentar ansiedad, la normalización del estrés constante si es un problema. La Organización Mundial de la Salud en 2023 nos dice que el estrés prolongado puede generar serios problemas de salud mental y física, como por ejemplo trastornos de ansiedad, depresión e incluso enfermedades cardiovasculares.

La sociedad de hoy ha creado un tipo de mentalidad en donde ser productivo y  trabajar de manera excesiva son vistos como “señales de que estás trabajando en algo grande o una señal del éxito”. De acuerdo con un estudio realizado por González y Ramírez en 2022,  en el entorno laboral de hoy se espera que los trabajadores estén disponibles en cualquier momento, lo que genera una sobrecarga de trabajo y un aumento de los niveles de ansiedad. 

Además, las redes sociales no ayudan a cambiar esta mentalidad en donde pareciera que todo el tiempo tenemos que estar haciendo algo, como un proyecto o iniciando un negocio, estar cumpliendo alguna meta que tengamos pendiente. En un artículo de la revista Psicología y Salud en 2022, el estar consumiendo este contenido constantemente provoca un sentimiento de insuficiencia hacia nosotros mismos y aumenta el sentimiento de ansiedad en las personas que sienten que no hacen lo necesario para lograr el “éxito”.

 

Esto también afecta en el ámbito académico, ya que los estudiantes también enfrentan una presión constante para obtener altos puntajes, destacar en clases y llegar a un futuro exitoso. En un informe de la Asociación Americana de Psicología en 2021 nos dice que el 60% de los estudiantes universitarios han llegado a experimentar niveles de estrés elevados, lo que ha llevado a recurrir a servicios de salud mental. Esto nos enseña que el estrés y la ansiedad no son solo un problema que afecta en el ámbito laboral, sino que es un problema que afecta nuestra sociedad en general.

 

El estrés y ansiedad además de afectar emocionalmente también llega afectarnos en nuestra salud. La OMS en el año 2023 ha demostrado que el estado de agotamiento de forma prolongada puede ocasionar enfermedades cardiovasculares, hipertensión, insomnio y debilitamiento del sistema inmunológico, puede provocar síntomas como fatiga extrema, dolores musculares y trastornos digestivos. además que a nivel psicológico puede llevar a enfermedades como trastornos algunos ejemplos son la ansiedad generalizada y depresión. Un ejemplo de esto es el estudio realizado por Martínez y Rodríguez en 2020 donde encontró que las personas que experimentan niveles elevados de estrés durante largos periodos de tiempo tienen a desarrollar síntomas depresivos y además experimentan una reducción en su calidad de vida.

 

El estrés laboral además de traer consecuencias físicas y psicológicas también las tiene en el lado económico. La Organización Internacional del Trabajo en el 2022 nos dice que la baja productividad de los empleados que está relacionada con el estrés representa pérdidas millonarias para las empresas y afecta la estabilidad del mercado laboral. Teniendo esto en cuenta, muchas empresas siguen sobrecargando a sus empleados con trabajo sin considerar su bienestar y las las afectaciones para la economía de la empresa.

 

Para combatir este problema, es necesario que comencemos a implementar nuevas estrategias tanto individuales como estructurales, para poder invitar a los demás a  establecer límites entre la vida laboral y un tiempo libre para sí mismos, como lo puede ser practicar alguna técnica de relajación como la meditación o el yoga, y sobre todo realizar una actividad física como caminata o algún deporte de su preferencia. Las empresas también pueden contribuir implementando horarios flexibles, pausas activas o salas que funcionan como espacios de descanso. Además de realizar campañas de manejo de estrés y mostrar programas de salud mental. Por ejemplo, en países extranjeros han implementado jornadas laborales más cortas y formas de trabajo flexibles como lo es el home office, y esto ha mejorado la productividad además de reducir los niveles de estrés en los empleados. En el ámbito educativo, las universidades y escuelas podrían ofrecer apoyo psicológico y fomentar un equilibrio entre el rendimiento académico y el bienestar emocional. 

 

El estrés y la ansiedad han sido normalizados en la sociedad moderna, en gran parte debido al pensamiento de ser productivos de manera constante. Pero el estrés no es un estado al que uno debería acostumbrarse o aplaudirse ya que este puede traer consecuencias negativas tanto en salud como mental. Debemos empezar a  promover que se valore más el bienestar emocional e implementar nuevas estrategias para así reducir nuestra carga de estrés en el ámbito laboral, académico y personal.  En el siglo XXI, la ansiedad ha emergido como una de las principales preocupaciones de salud mental a nivel global. Este fenómeno no es meramente una respuesta individual, sino que está profundamente influenciado por una serie de factores sociales, económicos, tecnológicos y ambientales que configuran el contexto en el que vivimos. La normalización del estrés y la ansiedad en nuestra sociedad refleja una adaptación a un entorno cada vez más demandante y, en muchos casos, deshumanizado.

La precarización laboral y las desigualdades económicas son determinantes clave en la salud mental de la población. Las condiciones de trabajo inestables, la falta de seguridad en el empleo y la presión por cumplir con expectativas laborales elevadas contribuyen significativamente al estrés crónico. Además, la incertidumbre económica y la competencia exacerbada en el mercado laboral generan un clima de ansiedad constante, donde el temor al fracaso y la necesidad de sobresalir se vuelven omnipresentes.

El uso intensivo de las redes sociales y la tecnología ha transformado la forma en que nos relacionamos y percibimos el mundo. Si bien estas herramientas ofrecen conectividad, también han introducido nuevos riesgos para la salud mental. La exposición constante a información, la comparación social y la presión por mantener una imagen idealizada en línea aumentan los niveles de ansiedad, especialmente entre los jóvenes. Fenómenos como el ciberacoso y la dependencia digital son manifestaciones claras de cómo la tecnología puede convertirse en un factor estresante.

El cambio climático ha emergido como una fuente significativa de preocupación y ansiedad. La incertidumbre sobre el futuro del planeta, la frecuencia de desastres naturales y la percepción de una crisis ambiental inminente generan lo que se conoce como "eco ansiedad". Este fenómeno afecta particularmente a las generaciones más jóvenes, quienes sienten una carga emocional por la degradación ambiental y la falta de acciones efectivas para mitigarla.

La desigualdad social amplifica los determinantes de la ansiedad. Las personas en situación de vulnerabilidad enfrentan barreras adicionales para acceder a servicios de salud mental, educación de calidad y oportunidades laborales. Esta exclusión social perpetúa un ciclo de estrés y ansiedad, donde la falta de recursos y apoyo institucional agrava la situación.

En el ámbito académico, la presión por obtener altos rendimientos y destacar en un entorno competitivo genera niveles elevados de estrés. El perfeccionismo, alimentado por expectativas sociales y familiares, se ha identificado como un predictor significativo de la ansiedad social en estudiantes universitarios. Esta constante búsqueda de la perfección puede llevar a la parálisis, el agotamiento emocional y la sensación de insuficiencia.

En la sociedad contemporánea, el estrés y la ansiedad se han convertido en experiencias comunes, incluso valoradas en ciertos contextos como indicadores de productividad y éxito. Esta normalización no es un fenómeno aislado, sino que está profundamente arraigada en una serie de determinantes sociales que configuran el entorno en el que vivimos.

La desigualdad social es un factor determinante en la salud mental de los individuos. Estudios han demostrado que las personas que viven en condiciones de pobreza o con acceso limitado a recursos presentan mayores niveles de estrés y ansiedad. La falta de acceso a servicios de salud, educación de calidad y empleo estable crea un entorno propenso a la angustia psicológica. Además, la percepción de injusticia y la exclusión social contribuyen al desgaste emocional y al sentimiento de impotencia.

La sociedad actual promueve una cultura del éxito basada en la productividad constante. El individuo es visto como un agente autónomo responsable de su éxito o fracaso, sin considerar las estructuras sociales que influyen en sus oportunidades. Esta ideología del "hustle culture" genera una presión constante por rendir al máximo, llevando a la sobrecarga laboral, el agotamiento y la ansiedad. La glorificación del esfuerzo individual sin reconocer las desigualdades estructurales refuerza la normalización del estrés como parte inherente de la vida cotidiana.

La omnipresencia de las redes sociales y la tecnología ha transformado la forma en que nos relacionamos y percibimos el mundo. Si bien estas herramientas ofrecen conectividad, también han introducido nuevos riesgos para la salud mental. La exposición constante a información, la comparación social y la presión por mantener una imagen idealizada en línea aumentan los niveles de ansiedad, especialmente entre los jóvenes. Fenómenos como el ciberacoso y la dependencia digital son manifestaciones claras de cómo la tecnología puede convertirse en un factor estresante.

La desigualdad de género también juega un papel crucial en la salud mental. Las mujeres, especialmente en contextos laborales y académicos, enfrentan presiones adicionales relacionadas con expectativas sociales, roles tradicionales y violencia de género. Estas experiencias aumentan el riesgo de desarrollar trastornos de ansiedad y depresión. Además, la falta de apoyo institucional y la discriminación estructural perpetúan un ciclo de estrés y malestar emocional. La normalización del estrés y la ansiedad en nuestra sociedad es un reflejo de una serie de determinantes sociales que configuran nuestro entorno. Para abordar este fenómeno, es esencial reconocer y cuestionar las estructuras que perpetúan la desigualdad, la sobrecarga laboral y la presión social. Solo a través de un enfoque integral que considere los factores sociales, culturales y económicos podremos avanzar hacia una sociedad más equitativa y saludable.

El experto participó en el ciclo virtual denominado El sofá de las neurociencias, organizado por la Facultad de Ciencias, en el cual se presentó la charla sobre Trastornos de ansiedad y estrés en el contexto de la nueva normalidad.

Explicó que la ansiedad (un término que se origina del latín anxietas, el cual significa sufrimiento o dolor) es un estado de malestar físico y psicológico que se caracteriza por una sensación de inquietud, desasosiego, inseguridad o nerviosismo ante una amenaza que se percibe como inminente y de origen incierto.

"La principal distinción entre la ansiedad común y la patológica es que la última se fundamenta en una percepción errónea o distorsionada del peligro. Cuando la ansiedad se vuelve extremadamente intensa y aguda, puede llevar a una completa parálisis del individuo, transformándose en un ataque de pánico", explicó.

Aceves Zalce indicó que existen diversos cuadros clínicos donde la ansiedad es el síntoma predominante. "Entre ellos se incluyen el trastorno de crisis de angustia (donde la ansiedad se manifiesta a través de episodios que pueden incluir palpitaciones, sensación de ahogo, inestabilidad, temblores o temor a morir); el trastorno de ansiedad generalizada (que se caracteriza por una preocupación constante) y el trastorno fóbico (que implica miedos específicos o no definidos), así como el trastorno obsesivo-compulsivo (que involucra pensamientos molestos que a menudo se acompañan de rituales que alivian la angustia causada por la obsesión). La ansiedad también puede manifestarse como respuesta al estrés agudo o postraumático, así como en los trastornos de adaptación a circunstancias difíciles, señaló.

El psicólogo comentó que experimentar ansiedad ocasionalmente es algo natural en la vida. Sin embargo, aseguró que las personas que sufren trastornos de ansiedad tienden a tener preocupaciones y miedos internos que son excesivos y persistentes en relación a situaciones cotidianas. Estos sentimientos de ansiedad y pánico afectan las actividades diarias, son difíciles de controlar, resultan desmedidos en comparación con el peligro real y pueden prolongarse por un tiempo considerable. "Como forma de prevenir estos sentimientos, es posible que se eviten ciertos entornos o situaciones. Los síntomas pueden iniciarse durante la infancia o la adolescencia y continuar hasta la adultez". En este contexto, Zalce Aceves describió el estrés como una amenaza, ya sea real o imaginaria, que afecta la integridad física o mental de una persona, lo que provoca una reacción fisiológica y/o conductual.

Señaló que, dependiendo de la fuerza, previsibilidad y frecuencia de un factor estresante, las reacciones de las personas pueden variar desde aceptar y evitar el estrés a nivel individual, hasta la rápida aparición de nuevas características o la extinción de rasgos a nivel colectivo.

Aclaró que un grado moderado de estrés es crucial para el desarrollo y la diferenciación de los sistemas metabólicos de un ser vivo, y detalló que la respuesta al estrés atraviesa tres fases: la fase inicial (alarma), que se activa al detectar un estresor; la fase intermedia (adaptación o resistencia), que ocurre cuando el cuerpo trata de regresar a su estado de equilibrio, y la fase final (agotamiento), que se manifiesta si el estresor persiste y se presentan problemas asociados al estrés crónico. El experto afirmó que, en la actualidad, tras la pandemia, la ansiedad ha evolucionado hasta convertirse en algo normalizado, ya que las personas a menudo no se dan cuenta de que están tensas hasta que enfrentan un problema de salud más grave.

Así mismo, el estrés en esta fase se presenta al salir de casa, se prefieren las actividades dentro del hogar y se han formado "burbujas sociales" (que pueden ser familiares, escolares o laborales). “Por lo general, hay una tendencia a evitar situaciones que impliquen exposición”, concluyó.

La proliferación de las redes sociales ha transformado la manera en que nos relacionamos y percibimos el mundo. Un estudio realizado en España reveló que la adicción a las redes sociales está relacionada con el 55% de los síntomas de ansiedad, el 52% de los de depresión y el 48% de los comportamientos agresivos. Este fenómeno es especialmente pronunciado en la Generación Z, que dedica un promedio de 4 horas diarias a estas plataformas

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